El reflejo en el espejo

espejo

El espejo

Leía un artículo interesante que hablaba de una mujer que se había vuelto loca y que llegó hasta el punto en que ni siquiera era capaz de reconocer su reflejo en un espejo.

Seguramente esto llegaría a inspirar historias como la de Alicia en el país de las maravillas.

Lo cierto es que yo tengo unos recuerdos curiosos de mi niñez. No son con espejos, sino con el agua.

En mi dulce hogar en Tezonapa, Veracrúz, teníamos dos pozos. Uno de los cuales era el principal, del que obteníamos el agua que bebíamos. Yo era tan pequeño en aquel entonces –estoy hablando de los 90s– que mis abuelitos tenían miedo de que yo fuera a caer en el pozo. Pese a que tenía una barda de protección que es aproximadamente de 1 metro de altura.

Altura que pronto yo sobrepasaría y mi curiosidad por el ver lo que había en el interior también estaba creciendo. Ya sabes, cuando te alejan de algún lugar o cuando te prohíben algo es como si te retaran a hacerlo.

Recuerdo que una ocasión, una mañana algo nublada pero llena de luz, el pozo no tenía la lámina que le protegía del tizne o de la basura que caía de los árboles. No había nadie a mi alrededor que me impidiera echar un vistazo así que simplemente me asomé.

Al fondo del pozo me encontré maravillado con otro mundo. Pero este estaba de cabeza y había otro pequeño niño asomando también la cabeza. Yo lo saludé y él me devolvió el saludo.

Durante años siempre pensé que en realidad existía otro mundo allá abajo, del otro lado del reflejo del agua. Pero conforme fui creciendo, la realidad parecía volverse menos mágica que en aquellos años de descubrimientos.

Todo esto me lleva a pensar el papel tan fundamental que juega tener la mente vacía. Es decir no tener preconcepciones. Poder ver la vida de nuevo sin ningún dato extra que nos diga que la vida es buena o es mala, pienso que eso es lindo. Sé que tenemos que tener experiencia y todo eso de lo contrario no podríamos sobrevivir, pero a veces el no saber también es divertido.

Parece que la mente también es un ojo. Un ojo que a veces queda sucio y que hay que limpiar de vez en cuando para redescubrir la belleza cautivadora que hay en este mundo divino.

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